RoblaEntrenamiento EMS

Entrenamiento EMS dirigido

Veinte minutos, de principio a fin

Si hace tiempo que no entrenas, esto es lo que te vas a encontrar: primero, cómo es una semana normal; después, qué cambia la primera vez.

Semana a semana

Una sesión normal

Llegas a tu hora y te cambias. Tu entrenador te ajusta el chaleco y las bandas, y entrenas veinte minutos.

Los movimientos son lentos y sencillos, y casi todo es tu propio peso: una sentadilla, un empuje, una postura que mantienes. El impulso acompaña a la fuerza que haces tú. Va por bloques mientras te mueves, y tu entrenador ajusta el nivel al empezar cada bloque y lo va corrigiendo.

Lo que más sorprende es lo rápido que un movimiento fácil deja de serlo. Una sentadilla que no te haría dudar empieza a costar a la cuarta repetición. Notas cómo el músculo se aprieta y se suelta, a un ritmo constante, y en el segundo bloque ya ni piensas en ello: es entrenar y ya está.

Puedes parar en cualquier momento, incluso a mitad de sesión. Después te cambias y te vas. Entras y sales en la hora de la comida.

Un entrenador ajustando el hombro del equipo de una socia, los dos sonriendo
Nivel

El nivel lo decides tú con tu entrenador. Empieza suave, sube contigo y se queda donde puedas aguantar todo el bloque.

La primera vez

Tu primera visita es más larga

Reserva algo más de tiempo. Pasan tres cosas antes de entrenar, y el entrenamiento en sí es más suave de lo que será después.

  1. 01

    El cuestionario de salud, y la conversación que viene con él

    Lo rellenas y lo repasas con la persona que te va a entrenar: qué tienes, qué has tenido y qué medicación tomas. Si este entrenamiento no es para ti, o si conviene que un médico mire algo antes, te lo decimos aquí, no más tarde.

    Un entrenador y una socia hablando en una mesa pequeña antes de entrenar
  2. 02

    El chaleco se te ajusta a ti

    El chaleco y las bandas son del estudio: no te los dan y ya está, te los ajustan. Van pegados al cuerpo, y tu entrenador comprueba el ajuste antes de cada sesión, no solo de la primera. No necesitas ropa especial, solo una camiseta fina de algodón debajo del chaleco, y te dicen al pedir cita si la ponen ellos.

    Un entrenador ajustando el chaleco de una socia antes de la sesión
  3. 03

    Una sesión más suave de lo que podrías aguantar

    A propósito: por debajo de lo que podrías dar. Esto se construye semana a semana, y empezar con calma es lo que hace que a la décima sesión te salga sola. Puede que tengas agujetas un par de días, como después de cualquier ejercicio nuevo.

    Una socia aguantando una sentadilla lenta con su equipación, riéndose
  4. 04

    Te vas con un plan y una hora

    Antes de irte queda cerrada la siguiente cita, y tu entrenador anota dónde te has quedado para retomarlo la semana que viene. Casi todo el mundo se queda con la misma hora fija, y eso es justo lo que hace que ir una vez a la semana se cumpla.

    La sala del estudio lista para la siguiente cita, con una luz cálida a lo largo de la pared

Claros a propósito

Entrenamos, y te decimos claramente qué es esto

Nosotros entrenamos. Nada más

Una sesión de Robla es trabajo de fuerza, bien hecho. Si hay algo que atender, eso es cosa de tu médico. Tu entrenador siempre te va a decir a quién acudir, y esa franqueza forma parte del estándar.

Tu salud se queda en manos de profesionales

Si ya estás en manos de un médico o de otro profesional, dilo en la conversación de salud: tu entrenador planifica con toda la información delante, junto con quien ya te conoce.

Los primeros estudios abren en 2027

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